Durante los últimos dos años se han sucedido ciertos acontecimientos que nos dan la sensación de estar continuamente viviendo “momentos históricos”. Tras el evidente impacto de la pandemia, tanto a nivel social como económico, y la impresionante explosión del volcán en La Palma, llega la preocupación por la crisis de suministros. Mucho se habla acerca de las consecuencias derivadas de la escasez de materiales que impera a nivel global, pero, ¿somos conscientes realmente de lo que significa o de los efectos que puede tener en la industria mundial?

A lo largo de los últimos días hemos conocido noticias como la huelga que ha convocado el sector de los transportistas para los días previos a Navidad, o las dificultades que tienen los concesionarios para vender coches porque faltan componentes para fabricarlos. Sin embargo, la llamada crisis de los suministros tiene implicaciones para prácticamente todos los sectores industriales y empresariales. Uno de ellos es, también, el ámbito de las telecomunicaciones.

Lejos de acabar con la incertidumbre general en este sentido, algunos expertos atisban que el fin de esta crisis no está cerca. Y es que las implicaciones que tiene esta situación de forma directa sobre algunos sectores también afectan a otros de forma indirecta. Se produce lo que comúnmente conocemos como efecto dominó. La industria funciona como una cadena de producción circular en la que, si hay un eslabón que falla, afecta al resultado conjunto.

Centrémonos, ahora, en las consecuencias de esta falta de suministros para uno de los sectores con más proyección de crecimiento: las telecomunicaciones. Sin duda alguna, es uno de los pocos sectores que ha salido reforzado tras la pandemia, y uno de los que mejores previsiones económicas tiene de aquí a los próximos años. Sin embargo, la crisis de los suministros puede truncar alguna de estas perspectivas.

Tanto es así que compañías como Apple han anunciado ya que no podrán fabricar tantas unidades como tenían previsto, ni podrán garantizar algunos componentes de repuesto. Pero, ¿cómo afecta esta crisis generalizada al sector de las telecomunicaciones?

Menos oferta, más demanda: precios más altos

La escasez de componentes electrónicos provoca una subida muy considerable en los precios. La forma que tienen los proveedores de asegurar que recibirán los pocos componentes que hay es pagando un precio más alto por ellos. A su vez, tratan de repercutir este sobrecoste en sus clientes, lo que provoca que muchas empresas lo carguen en el precio final de venta. Es decir, los consumidores están pagando cantidades más elevadas que el precio habitual.

Algunas organizaciones, como la Federación de Empresarios del Metal de Zaragoza, han determinado cuál ha sido la subida de precios desde inicios de 2021 en algunos materiales. El precio del aluminio ha subido más del 50%, el acero inoxidable, un 30%, y la madera un 450%. Todo ello sin contar la subida del precio de la luz y del gas, que no hace sino acentuarse tras los acontecimientos más recientes.

Renegociar los plazos de entrega: el pan de cada día

He aquí otro de los grandes problemas de la industria en la situación actual. Hablamos de los retrasos en los plazos de entrega. Estos retrasos provocan un desabastecimiento más grande, puesto que si se producen al principio de la cadena, dilatan todo el proceso. Pongamos un ejemplo: un fabricante de un rack de telecomunicaciones necesita una serie de chips y componentes que van integrados en el armario. Sin embargo, el proveedor que le suministra estos chips no los tiene.

La consecuencia es que el fabricante no puede seguir con el ensamblaje del rack y, por tanto, no lo podrá entregar a su cliente a tiempo. Esa situación, a su vez, tiene una consecuencia no solo económica para este fabricante, sino que puede comprometer su relación con el cliente, que puede buscar otras alternativas diferentes.

Mayor competitividad intersectorial

La escasez de componentes reaviva la competitividad entre las empresas del mismo sector, lo que en ocasiones puede generar situaciones más tensas entre los distintos players. Incluso puede dar lugar a un crecimiento del mercado de reventa, ante la desesperación de las empresas por hacerse con los suministros que necesitan.

Esta situación viene acompañada, generalmente, por una subida de precio que solo pueden soportar las grandes empresas, dejando fuera a la mayor parte de Pymes que conforman el tejido empresarial de nuestro país. Además, el hecho de que la escasez sea generalizada en la mayor parte del mundo provoca que otros mercados, como el asiático, entren en esta competición.

Reestructuración forzosa, una consecuencia derivada

Más allá de las implicaciones que esta crisis tiene desde el punto de vista de la producción, existe una consecuencia indirecta de carácter laboral. Muchas empresas se ven obligadas a reorganizar su estructura o incluso a reducirla, para poder hacer frente a la subida repentina de los costes. Por ende, la crisis de suministros puede afectar a los puestos de trabajo, que en algunos casos pueden verse reducidos o, directamente, suprimidos.

Las previsiones de recuperación económica no son muy halagüeñas debido a la difícil situación general por la que atraviesa la industria y, en consecuencia, el mercado global. En el panorama actual, es imprescindible desplegar un espíritu colaborativo entre las diferentes empresas que formamos parte del tejido empresarial español, fomentando el bienestar colectivo en lugar de anteponer únicamente los intereses propios. Remar en la misma dirección es la única alternativa para sobrevivir a una de las situaciones más complejas de las últimas décadas.