No cabe duda de que la conciencia medioambiental en la sociedad se ha intensificado durante los últimos años. Cada vez son más las empresas que adoptan prácticas responsables hacia el medio ambiente, o que exigen lo mismo a sus proveedores y empleados. Un compromiso que, lejos de aminorarse, se fortalecerá durante los próximos años gracias a la implementación de normativas europeas dirigidas en este sentido. 

Sería incierto afirmar que todos los sectores tienen la misma facilidad para acometer prácticas sostenibles. O, por lo menos, para hacerlo a la misma velocidad. Sin embargo, esto no significa que no puedan llevar a cabo acciones de carácter sostenible. Uno de los casos más claros es la industria electrónica, en pleno auge y, a su vez, con múltiples posibilidades para aumentar su huella sostenible. 

El caso de la industria electrónica tiene una particularidad muy concreta. Pese a que es uno de los sectores con más proyección hoy en día, es también uno de los que más nivel de contaminación puede registrar si no se adoptan prácticas específicas para evitarlo. Tanto es así que, según el informe elaborado por Global E-waste Monitor 2020, los desechos de equipos electrónicos, pilas y baterías podrían llegar a alcanzar los 74 millones de toneladas en 2030. 

La enorme cantidad de residuos electrónicos que se generan puede derivar en consecuencias muy negativas para el medio ambiente, pero hay formas de evitarlo. A continuación, analizamos cómo pueden ser las empresas relacionadas con el sector de la industria electrónica más sostenibles.

Reacondicionamiento de equipos

Los denominados “residuos electrónicos” constituyen el principal reto en materia de sostenibilidad para las empresas. La obsolescencia de algunos aparatos, o la necesidad de actualizar a nuevas versiones, hace que los antiguos queden inservibles y las empresas decidan tirarlos. No obstante, los componentes de muchos de esos equipos no son fácilmente reciclables. Además, cabe tener en cuenta que las empresas generan muchos más residuos electrónicos que los que generan los particulares. 

Por ello, cada vez más empresas apuestan por el reacondicionamiento de equipos. Es decir, reconvertirlos y darles una segunda vida útil con la que evitar que acaben en la basura. Para ello, es importante identificar qué materiales, de los que componen cada aparato, son reutilizables y cuáles no. Por lo general, los metales se pueden reacondicionar con más facilidad, mientras que algunos compuestos químicos, como los plastificantes, no tienen esa capacidad. 

En el caso de los residuos generados en las empresas, es relativamente sencillo encontrar un segundo uso a la mayoría de dispositivos que se pueden reacondicionar. Y, medioambientalmente, supone una importante reducción de la contaminación, en la medida en que evitamos desechar una cantidad muy elevada de aparatos electrónicos.

Reciclaje de componentes

Tal y como hemos comentado, los dispositivos electrónicos están formados por distintos componentes, pero no todos ellos se reciclan igual. Por ello, es importante separarlos adecuadamente a fin de optimizar la capacidad de reciclaje al máximo. En este sentido, y dada la gran variedad de alternativas que existe, es importante fijarse en la normativa sobre la gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, conocidos como RAEE.

Hoy en día, tan solo el 20% de los residuos electrónicos mundiales se reciclan, y sin duda este es uno de los focos de mejora más importantes a nivel empresarial y, concretamente, en la industria electrónica. Así, la lista de componentes reciclables ha ido aumentando durante los últimos años. Tradicionalmente, esta lista ha estado compuesta por varios grandes grupos:

  • Grandes electrodomésticos (frigoríficos, refrigeradores, equipos de aire acondicionado, etc.).
  • Pequeños electrodomésticos 
  • Equipos de informática y telecomunicaciones
  • Aparatos electrónicos de consumo y paneles fotovoltaicos
  • Aparatos de alumbrado
  • Herramientas eléctricas y electrónicas
  • Juguetes o equipos deportivos y de ocio
  • Productos sanitarios 
  • Instrumentos de vigilancia y control
  • Máquinas expendedoras

Con las últimas novedades en este sentido, se han sumado a esta lista nuevas distinciones, subgrupos y categorías, como:

  • Aparatos de intercambio de temperatura
  • Aparatos eléctricos de intercambio de temperatura 
  • Aparatos eléctricos de aire acondicionado o de aceite en circuitos o condensadores.
  • Monitores, pantallas y aparatos cuya pantalla tenga una superficie mayor a 100 cm2
  • Lámparas, incluyendo las LED, de mercurio y fluorescentes.
  • Paneles fotovoltaicos grandes, con silicio o con teluro de cadmio

Estos son solo algunos ejemplos, si bien lo más recomendable es comprobar de manera específica si los residuos electrónicos que genera cada empresa están en este listado y cómo se deben reciclar adecuadamente. 

Objetivos y programas ambiciosos, pero realistas

La mejor forma de ser sostenible es planificando cómo hacerlo. Al igual que un negocio establece unos objetivos económicos cada año, es conveniente hacer lo propio a nivel de sostenibilidad. Definir qué meta quiere alcanzar cada empresa en lo que respecta a esta cuestión es fundamental para esbozar planes específicos para conseguirlo. Esta hoja de ruta simplifica mucho esta tarea, puesto que los integrantes de la empresa la interiorizan mucho más que si se trata solo de una iniciativa teórica. 

El sector tecnológico es uno de los que más potencial tiene hoy en día a nivel de crecimiento económico y desarrollo. Pero, si las empresas del sector no toman conciencia, también puede ser uno de los más contaminantes. Por ello, es importante adoptar planes meditados y orientados a reducir el impacto en la huella medioambiental. Asimismo, es la dirección hacia la que se orienta la mayor parte de normativas europeas. Es decir, tarde o temprano, el tejido empresarial se verá obligado a adoptar este tipo de medidas, y, cuanto más planificadas estén, más sencillas serán de implementar. 

Por otro lado, es importante ejercer una labor educativa y divulgativa como parte de la cultura interna de la empresa. Es decir, involucrar a todos los trabajadores, clientes y partners para que se comprometan al mismo nivel en este sentido. De esta forma, la red de acciones sostenibles será cada vez más y más amplia, lo cual contribuirá a la protección del entorno a un nivel mayor.