La tensión entre Rusia y Ucrania sigue acaparando portadas e informativos debido a la incertidumbre que genera en el plano social, económico y geográfico. Una de las consecuencias que podría tener el conflicto bélico afecta directamente al suministro de gas a buena parte de Europa por parte de Rusia, con las correspondientes implicaciones que tendría para la industria europea y española. En este artículo analizamos los posibles escenarios en cuanto al suministro de gas en caso de que se agravase el conflicto.

La atención mediática reciente tiene el foco puesto en la tensa situación política que se vive entre Rusia y Ucrania, y a la que se han sumado países como Estados Unidos. Cuando todavía se mantiene el pulso entre las dos grandes potencias, Europa mira con cautela las posibles consecuencias que tendría un conflicto bélico entre las dos naciones.

Huelga decir que la peor consecuencia de todas es el coste social que tiene cualquier escenario bélico. Pero, además, tiene un impacto económico brutal, hasta el punto de llegar a comprometer suministros básicos para la supervivencia. Del que más se está hablando es del gas, imprescindible para muchas de las necesidades del día a día.

Pero, ¿por qué preocupa tanto la situación del gas si estallase la guerra entre Rusia y Ucrania, con Estados Unidos de por medio? Para entender esta cuestión, es importante tener en cuenta que muchos países europeos tienen una dependencia prácticamente total de Rusia en el suministro del gas, puesto que es su principal fuente.

En caso de conflicto, Rusia ha anunciado que cortará dicho suministro. Y, a día de hoy, entre el 40% y el 50% del gas que se utiliza en Europa proviene de Rusia. Algunos países, como Japón, han desviado parte de su suministro de gas natural licuado a Europa ante la posible interrupción por parte de Rusia, tal y como ha confirmado la Comisión Europea.

Unas consecuencias que se trasladarían a la industria internacional

España no es uno de los países que más dependa de Rusia para obtener esta fuente de energía, pero eso no significa que el impacto económico y empresarial vaya a ser menor. Hay que tener en cuenta que hay otros países donde la dependencia es prácticamente total: en Finlandia, el 94% del gas viene de Rusia; en Austria, el 64%; y en Alemania, el 50%. Por lo tanto, todas las empresas españolas que tengan acuerdos comerciales, bien como proveedor o como colaborador, con compañías de estos países, se verán plenamente afectadas.

La globalización acarrea consecuencias iguales para todos, tanto las positivas como las negativas. Para reforzar su protección, algunos miembros de la Unión Europea han creado un grupo de trabajo para coordinar la gestión de sus reservas de suministro de gas, y aunar esfuerzos para hacer frente a la amenaza común que plantea Rusia.

El corte del suministro de gas provocaría un gran parón en muchas actividades empresariales que no podrían continuar operando sin gas. Este parón se reflejaría también en toda la cadena de producción e, indirectamente, en el consumidor final. Es decir, produciría una bajada muy notable del  valor productivo español que sería difícil remontar.

El precio del gas seguiría al alza

Otra consecuencia que podría tener lugar es que el precio del gas se incrementase en aquellos países exportadores que se erigiesen como la única alternativa para Europa, que no estaría en situación de renegociar precios a medida que se acabase la reserva de gas. Por lo tanto, a la pérdida económica producida por el parón de actividad, debería sumarse el incremento de costes que probablemente habría. Esto no solo se traduciría en un precio más elevado para los consumidores, sino además en una reducción de márgenes para las empresas.

¿Qué industrias se verían más afectadas?

En general, un corte en el suministro de gas por parte de Rusia afectaría prácticamente a toda la industria nacional. Sin embargo, hay algunas que ya se encuentran en una situación más complicada por la poca producción de componentes o por el aumento del coste energético, como es el caso de la automoción o las telecomunicaciones, entre otras.

En realidad, cualquier industria productiva se vería obligada a retrasar su producción, y en algunos casos, incluso a paralizarla. Por otro lado, es probable que la demanda también disminuyese, algo habitual cuando surge una crisis que afecta a distintas naciones.

Probablemente, Rusia sería el gran perjudicado de este conflicto bélico. En primer lugar, porque este país depende de muchos países europeos en lo que respecta a compra de tecnología. Por otro lado, este país no tendría capacidad de derivar todo el suministro que a día de hoy lanza a Europa a otros países como China. Y, finalmente, tendría que hacer frente a las sanciones económicas que se le impusieran, además de impedir relaciones comerciales a largo plazo con grandes potencias de la Unión Europea y con Estados Unidos.

El incremento de las tensiones entre Rusia y Ucrania no beneficia a ninguna de las partes. Sin embargo, sería un error cerrar los ojos y mirar hacia otro lado, puesto que aunque de forma directa España sea uno de los países menos perjudicados, las relaciones internacionales tienen un gran peso en la economía y en el PIB español. Y eso sí sería un problema que se sumaría a las dificultades económicas que venimos arrastrando a raíz de la pandemia.