En las últimas horas saltaba una noticia inesperada por la trayectoria que había tenido hasta el momento: España, Portugal y Francia llegan a un acuerdo para crear un nuevo gasoducto que conecte la Península Ibérica con el resto de Europa. Sin embargo, no será el proyecto MidCat, tal y como barajaban los gobiernos español y portugués. Finalmente, se llevará a cabo el proyecto BarMar. En este artículo te contamos todas las claves.

Finalmente, parece que sí hay acuerdo a tres bandas para la creación de un corredor energético que conectará la Península Ibérica con el resto del continente europeo. Será a través de este canal donde se transporte la energía necesaria, aunque no está pensado para todos los tipos de energía. 

Hasta el momento, el gobierno francés de Macron era reticente a crear el proyecto MidCat, en el que se contemplaba el transporte de energía a través de los Pirineos. Sin embargo, sí ha visto con buenos ojos el BarMar, que mantiene la misma idea pero en el que la ejecución es totalmente distinta. Veamos por qué.

La conexión, el principal cambio del BarMar respecto al MidCat

La novedad más importante es cómo se establecerá la conexión para conducir la energía entre España y Francia. El BarMar contempla un corredor que una las ciudades de Barcelona (Bar-) y Marsella (-Mar). Para ello, se creará una infraestructura marítima que sirva como puente para transportar la energía. Una vez en Francia, el transporte hacia el resto de Europa se realizaría por las vías habituales. 

Con respecto a la fecha de ejecución, se trata de un proyecto a largo plazo. De hecho, según las últimas declaraciones de Teresa Ribera, no se espera su construcción hasta dentro de unos 5-7 años. Básicamente, podríamos estar hablando de que, hasta 2030, no estaría operativo este corredor. 

¿Qué tipo de energía transportará?

Esta es otra cuestión importante dentro del acuerdo, y es que no será una vía de comunicación para cualquier tipo de energía. De hecho, está pensado, fundamentalmente, para transportar hidrógeno verde. No obstante, durante el período de transición hasta la total implantación del hidrógeno verde como vector energético principal, el BarMar transportará también gas. 

En este sentido, cabría preguntarse si la erradicación total del gas realmente llegará en algún momento. Sin embargo, hasta que ello se produjera, este conducto actuaría como un gasoducto. 

Por otro lado, este proyecto aceleraría la interconexión eléctrica con Francia, algo que podría aliviar las crecientes tensiones generadas dentro del mercado eléctrico como consecuencia de las tensiones geopolíticas que han afectado directamente a los precios. 

¿Cómo se afrontará este coste?

Pese al acuerdo al que han llegado los tres países europeos, quedan muchas cuestiones por definir al respecto. Una de las que más interés genera es cómo se va a asumir el coste tan elevado que tiene la construcción del BarMar. A este respecto, la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha expresado la intención del Ejecutivo de sufragarlo, en su mayoría, con fondos europeos. 

No obstante, habrá que esperar unas semanas más para conocer todos los detalles acerca de la financiación, el desarrollo y los plazos que se contemplan acerca del BarMar. En cualquier caso, supone un importante avance bastante inesperado, ya que hace tan solo una semana, Francia volvía a repetir su oposición al MidCat pese a las presiones conjuntas de España y Alemania. 

¿Qué supondría este corredor energético para la industria?

El proyecto BarMar, pese a estar aún en una fase incipiente, da un pequeño respiro a la industria energética y, por consiguiente, a cualquier tipo de industria. Sin embargo, el alivio no se reduce únicamente al plano industrial o empresarial, sino que tiene gran calado en la sociedad. Durante el último año, desde la invasión de Rusia en Ucrania, hemos sido testigos de cómo ha afectado la subida de precios incesante en materia de energía a toda la población europea.

Por tanto, la creación de un corredor energético que reste independencia al continente europeo del mayor proveedor energético actual, que es Rusia, es una buena noticia para todo el conjunto económico y social europeo. El trasfondo de este proyecto, más allá de facilitar el traslado energético entre países, es reforzar la posición de la Unión Europea frente a Rusia y reducir la inevitable vulnerabilidad que tenía hasta ahora por su excesiva dependencia energética.